El Locutor Profesional… ¿Nace o se hace?

Yo tenía tan sólo unos ocho años, cuando veía, junto a mi familia, a esos divertidísimos Cruz y Raya, el dúo cómico español integrado por José Mota y Juan Muñoz. Me fascinaba cómo ese señor tan delgado podía enfundarse en cualquier traje, por ridículo que fuese y convertirse en una caricatura andante y sobretodo parlante. Juan me gustaba, pero me entusiasmaba ver a José Mota como un camaleón del humor, que no conocía límites.

Fue a base de ver y disfrutar sus shows televisivos cuando empecé, quizás con mayor frecuencia, a hacer algo que sin saberlo me iniciaría en el “arte de locutar”: Imitar, jugando con la voz.

¿A quién imitaba, haciendo reír a mis padres? Al Señor Bartolo. ¡Sí, sí! Ese hombre encogido de hombros, en permanente tensión, de orientación sexual confusa, con boca de buldog desdentado y…¡Gafas de culo de vaso! (En mi tierra, Menorca, las llamarían “Ulleres de cul de bótil”. Esto último de cul de bótil a veces incluso se usa como insulto, igual que otras expresiones como “cap d’ase”, “tros de porc” o “cap de suro”).

(Haciendo click aquí podrás recordar al personaje Bartolo)

locutor niñoCon mis ocho años, apretaba fuerte la boca, imaginaba que mi cara se convertía en la del Señor Bartolo y, buscando la sonrisa complaciente de mis padres, decía cosas como “¡Buenas noches, Don Puente!. Ellos se reían y yo sentía que mi imitación había sido exitosa, lo que me animaba a seguir imitando, a ese personaje y a otros. En ese sentido, por tanto, creo poco a poco me estaba formando a mí mismo como locutor. ¿Por qué locutor? Porque estaba aprendiendo a controlar mi voz como el que manipula un trozo de plastilina y le da una determinada forma. Buscaba y probaba la voz y si no me salía volvía a probar, hasta que lograba el timbre deseado. Dicen que esa capacidad para imitar me viene de mi madre y creo que es verdad, de la buena.

Por tanto, ¿El locutor nace o se hace? Es muy pronto para responder. Te invito a que sigas leyendo. Y es que hubo otra circunstancia que me marcó profundamente. Además de imitar, desde niño pude “hacer radio”. Hace 27 años mi padre era el Director de la Cadena Ser en Menorca. El tenía 21 años y yo sólo tres y, según dicen, hablaba bastante. Así que comencé a participar en un breve y sencillo programa de radio junto a mi padre que se llamaba “Carlos y Carlitos”. Yo no recuerdo absolutamente nada de esto, pero mis padres cuentan que algunas señoras del barrio, al reconocerme, pellizcaban mis mejillas en los pasillos del supermercado de abajo, mientras sonreían. Creo que daba consejos a los niños explicando que se tenían que lavar los dientes y cosas por el estilo.

Pero centrémonos. La cuestión a la que quiero ir es hasta qué punto pudo marcarme una experiencia como esa en mi carrera hacia la locución profesional. ¿Es aceptable la idea de que con tres años comenzase a hacer locución en Radio? Honestamente, ¡no hay por dónde cogerlo!. Sin embargo, si tenemos presente que es durante los primeros años de vida, cuando se desarrolla el lenguaje y somos auténticas esponjas humanas, con una mastodóntica capacidad de aprendizaje, entonces es muy probable que, inmerso en la observación de mi padre y favorecido por la participación activa en la radio, comenzase a aprender locución. No puedo demostrarlo, pero estoy seguro de que hoy en día también soy locutor freelance gracias a ese programa radiofónico que transcurría en una estupenda alianza padre e hijo.

Además la cosa no acaba ahí, porque, como aquel que dice, crecí dentro de los estudios de Onda Cero Radio Menorca, tercera casa para mí, quedando por delante la mía y la de mis abuelos Caridad y David. Por cierto, una gente maravillosa de la que aún hoy puedo disfrutar, aunque no todo cuanto quisiera.

En la Radio pasé muchas horas. A veces me acercaba a la zona de los discos o vinilos y me tiraba decenas de minutos y minutos leyendo las portadas y apartando los duplicados por si mi padre o alguien podía regalármelos. Otras veces cogía una vieja máquina de escribir digital (en aquellos tiempos semejante a un moderno Ipad) y me ponía a redactar, practicando mecanografía. Pero más frecuentes eran mis visitas a la zona de los locutorios, donde podía ver esa luz roja que advertía de que en ese preciso instante, la radio estaba más viva que nunca. Me fascinaba ver la soltura de mi padre ante el micrófono. Estaba lleno de presencia, intención y melodía. No locutaba igual que hablaba. Me fijaba en que, cuando estaba a dos dedos del micrófono, proyectaba una voz muy especial, una voz que cautivaba y que sonaba espectacularmente bien. Si me hubiese hablado así para decirme que debía recoger mis cosas porque ya nos íbamos a casa hubiera sido muy extraño, pero en radio quedaba fenomenal. Fue para mí el primer y gran referente de lo que significa locutar. Y a día de hoy lo sigue siendo.

Años más tarde estudié la Licenciatura en Comunicación Audiovisual y, gracias a algunas prácticas, continué capacitándome como Locutor. Pude desarrollar publicidad creativa y jugar con la voz. Descubrí que mi voz era mucho más elástica y versátil de lo que imaginaba. Esa capacidad de imitación de algunos personajes continuó desarrollándose y con ello, otra vez sin darme cuenta, iba aprendiendo a locutar. ¿Sabes cuál es uno de los aspectos más emocionantes de la locución? Que se puede aprender durante toda la vida. En la medida en que la voz va cambiando y madurando se abren nuevos caminos e infinidad de posibilidades.

Mi padre es locutor y yo soy locutor. Ni él ni yo nacimos locutores, pero un día, cuando quisimos hacerlo nos dimos cuenta de que sabíamos. Sin embargo, también he conocido personas que, habiéndose formado para tal tarea, nunca llegan a locutar (Destaco esto desde la visión mas purista referente a la locución). Debo matizarlo: Lo que quiero expresar es que, a través del micro, ni su timbre, ni su entonación ni su dicción suenan a locución 100% profesional. Por lo tanto, basándome en esta observación, creo firmemente que no todo aquel que lo desea puede ser locutor, ni aún contando con la mejor formación. A día de hoy, estoy bastante convencido de que para ser locutor/voz en off, hace falta una chispa, quizás una predisposición genética, pero es necesario algo innato que lo convierta a uno en un candidato apto para entrar de cabeza en el “Mundo de la Voz”.

Entonces, ¿el locutor nace o se hace? Probablemente ni una cosa ni la otra, de forma exclusiva. Desde mi punto de vista, realmente creo que el Locutor Profesional es aquel que nace y también se hace. Se puede nacer con una capacidad natural para locutar pero son la formación, la experiencia y el esfuerzo los ingredientes que transforman una voz con potencial en una voz profesional y… ¿Por qué no? también camaleónica.

 

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2 comentarios
  1. Asun Gomila
    Asun Gomila Dice:

    Tienes una voz muy agradable y camaleónica, Carlos!
    Eres un gran profesional y con muy buen sentido del humor
    Hay que aprovecharte al máximo.
    Mucha suerte!

    Responder

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